Hay algo que he de confesar a mi musa, nunca te he escrito, 1 año sin escribirte a pecho descubierto, solo pequeños microcuentos que no expresan con exactitud lo que siento por ti y que quizás tampoco lo pueda hacer ahora, he aquí mi confesión: comencé un juego bastante curioso, desde aquel 23 de Mayo, comencé a escribirte sin enseñártelo, esperando este día e intentando colocar todos los conceptos y frases que he escrito a lo largo del año porque con tanto sentimiento junto no podía escribirte.

Me secuestraba en mis sueños al igual que en la realidad, con un acto voluntario aunque más bien movimiento reflejo, aunque a destiempo, de acompañarte hasta las mismísimas puertas del infierno si fuese necesario. Que no hay callejón sin salida siempre que pueda besar tus labios para surcar los cielos e inmersarnos en nuestra pequeña gran locura. Que los besos se me quedaban pequeños hasta que nos conocimos y las intensas miradas no eran más que un juego de niños. Iniciamos un baile como ya que dije, que solo nosotros dos nos atreveríamos a bailar.

Dicen que lo bueno se hace esperar, exactamente. Mmmm, déjame pensar… 25 años, 1 mes, 17 horas y 48 minutos con un Starbucks en la mano y una rosa. Que tardaste mucho en llegar y aquí andamos, evitando alejarnos e intentando estar más cerca aún aunque la física no nos lo permita. ¡Hay! qué complicado es esto del amor, un arma de doble filo mortal capaz de doblegar al más fuerte y hacer sentir al más débil el rey o la reina de este mundo. Pero bueno si te parece, te voy a contar una historia, de una persona herida que ha resurgido más fuerte que nunca gracias a ti:

No sé si recordarás aquel día en el que empezamos a bailar, nos tiramos los dos al río con los ojos cerrados viendo que no había fondo, nos dimos cuenta de que podríamos hablar durante días sin perder una gota de interés y mas adelante que no hacían falta las palabras para entendernos. Desembocamos en un mar de intereses e infinito tiempo en el que hay un barco forrado de historias que se va ampliando día a día.

Paseamos por el retiro, buscando animales invisibles y riéndonos de aspectos de la vida que nunca pretendí hablar con nadie, que me perdí en tus ojos como si de aquel estanque de carpas se tratase y dimos de comer a aquellos seres que nos hacían tanta gracia.

Empezamos dos historias en paralelo, en la misma librería, que realmente la mía no la terminé porque escogí el libro equivocado, que lo que yo realmente quería leer era a ti, tocar el braíle de tus labios y deletrearte mediante caricias la palabra amor.

Te atreviste a contarme, me enterneciste y poco a poco me enamoraste, quien me iba a decir a mi, que realmente te conocería en las calles de Manhattan, en aquella parada de taxis; yo comiendo patatas de plátano y tomando un gin-tonic para tener el valor de besarte luego.

Llegó el día de mi cumpleaños yo nervioso por la cena y tu nerviosa por las velas, que nos quisimos decir lo mismo y solo nos hizo falta mas que una simple mirada una mirada para entender, que nos queremos desde lo más profundo de nuestra alma.

Mira Laura, contigo he descubierto mundo y las ganas de descubrir el mundo contigo, que yo nunca personalizo mis escritos y te escribo a ti, el amor de mi vida. Que eres un baúl de sorpresas porque una caja se queda corta y eso es una de las 365 cosas que me encantan, aunque quizás me quede corto con palabras.

Me enamora la locura que tú tienes, cómo aquella vez que nos fuimos sin previo aviso a Segovia, todo planeado por esa cabecita tuya con la intención de descubrir la primavera y atiborrarnos a caricias.

Me gustaría decirte, que las horas contigo se hacen cortas y que me fumo la vida a grandes caladas siempre que estas a mi lado y si te digo la verdad no me importaría consumirla de una sola mientras estuviera contigo. Soy consciente de que hemos pasado momentos difíciles los dos y nos hemos apoyado mutuamente como si de nosotros mismos se tratase, que estamos en lo bueno y en lo malo y eso es muy importante, que celebrar el fácil pero llorar no, que hay que estar a todo y no siempre se consigue.

Podría seguir contándote lo que fuimos o decirte lo que seremos, nada más que tu, yo y una carretera llamada felicidad.

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